10/13/2026
Cuando comprendemos que nuestra identidad descansa en ser hijos de Dios, ya no necesitamos construir una imagen para sentirnos importantes. Podemos servir aunque nadie nos vea. Podemos amar aunque nadie lo reconozca. Podemos obedecer aunque no recibamos aplausos. Nuestro valor deja de depender de la respuesta de los demás porque ya fue afirmado en la cruz. Esa es la libertad que Cristo quiere producir en nosotros.