11/06/2026
BASTA YA.
Desde enero me encuentro desempleada. Hice todo lo que se supone que hiciera: solicité los beneficios por desempleo, entregué documentos, cumplí con cada requisito y esperé pacientemente.
Me informaron que mi caso entraría en investigación para determinar si existía justa causa para mi despido. Pasaron 45 días. Luego 60 días. Llamadas, seguimientos, visitas a oficinas y más espera.
Finalmente, en abril concluyó la investigación. Determinaron que era elegible para recibir los beneficios. Recibí una parte del pago retroactivo, pero todavía quedó dinero pendiente. Desde entonces, cada reclamación ha sido una nueva batalla.
Una semana el sistema refleja algo. La próxima aparece que estoy trabajando. Luego que estoy estudiando. Después que el pago está detenido por alguna situación que nadie sabe explicar. Mientras tanto, las cuentas siguen llegando.
También solicité ayuda del PAN y encontré más obstáculos que soluciones. Me preguntan cuánto vale mi vehículo, como si venderlo fuera una alternativa real. ¿Cómo se supone que busque empleo, asista a entrevistas o atienda mis responsabilidades sin un medio de transporte?
No perdí mi empleo por conducta indebida. No fue por falta de ética, compromiso o desempeño. Sin embargo, me encuentro luchando para recibir ayudas creadas precisamente para personas que atraviesan momentos difíciles.
Y entonces me pregunto: ¿qué está haciendo nuestro gobierno?
Nos hablan de ayudas, de programas y de oportunidades, pero la realidad que vivimos muchos puertorriqueños es muy distinta. El costo de vida aumenta cada día. La luz aumenta. El agua aumenta. Los alimentos aumentan. Lo que antes costaba $20 hoy cuesta $60.
Por otro lado, se anuncian miles de empleos disponibles, pero muchos profesionales seguimos enviando resúmenes sin recibir una sola llamada. ¿Estamos sobrecualificados? ¿No hay demanda para nuestras profesiones? ¿O simplemente el mercado laboral atraviesa una crisis que nadie quiere reconocer?
Agradezco profundamente a Dios porque nunca me ha abandonado. Agradezco a mi familia, amistades y a todas las personas que me han apoyado durante este proceso. Gracias a ellos y a la provisión de Dios he podido seguir adelante.
Pero eso no elimina una realidad que necesita ser atendida.
Ningún ciudadano debería tener que pasar meses persiguiendo un beneficio al que ya fue declarado elegible. Ninguna persona debería sentirse abandonada por un sistema que existe para servirle.
Puerto Rico merece más. Merecemos eficiencia. Merecemos empatía. Merecemos funcionarios que comprendan las necesidades reales de nuestro pueblo.
Porque mientras algunos se enriquecen y celebran estadísticas, muchas familias continúan luchando para sobrevivir.
Basta ya.
By LHR