30/03/2026
Un profesor, lleno de arrogancia, decidió poner en evidencia a uno de sus alumnos frente a toda la clase.
Con tono desafiante le preguntó:
—“¿Cuántos riñones tenemos?”
El alumno respondió sin titubear:
—“¡Cuatro!”
La clase quedó en silencio.
El profesor, con esa actitud de quienes disfrutan aplastar a otros para sentirse superiores, sonrió con desprecio y dijo a su auxiliar:
—“Traiga un fardo de pasto, porque tenemos un a**o en la sala.”
Pero lo que vino después cambió por completo la escena.
El alumno, con una calma brillante y una inteligencia afilada, respondió:
—“Y para mí, un cafecito.”
La burla se transformó en incomodidad.
El profesor, furioso al verse superado, expulsó al alumno del aula.
Lo que no imaginaba era que ese joven no solo tenía ingenio… también tenía razón.
Antes de irse, el alumno le dijo:
—“Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’.
Y ‘tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos.
‘Tenemos’ es plural.
Que disfrute su pasto.”
Ese alumno era nada menos que Aparicio Torelly, conocido como el Barón de Itararé, un hombre célebre por su humor inteligente y su agudeza verbal.
Y esta historia deja una lección poderosa:
La vida exige mucho más comprensión que conocimiento.
Porque saber mucho no sirve de nada si se usa para humillar.
Tener estudios no convierte a nadie en superior.
Y creer que uno puede pisotear a los demás solo por sentirse más preparado… es una muestra de ignorancia disfrazada de autoridad.
A veces, los verdaderamente sabios no son los que más corrigen…
sino los que más entienden, más escuchan y menos desprecian.
Porque el conocimiento impresiona…
pero la humildad es lo que realmente engrandece.