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15/06/2026

La increíble razón por la que los japoneses limpian los estadios

Cada vez que ocurre, las imágenes se vuelven virales. Después de los partidos, cuando la mayoría de los aficionados celebra o regresa a casa, los hinchas japoneses permanecen en las tribunas para dejar todo limpio.

Muchos creen que se trata de una campaña organizada o una norma especial, pero la explicación es mucho más profunda. Según ellos mismos, ayudar a mantener limpios los lugares públicos es una enseñanza que reciben desde la infancia y que forma parte de su forma de entender la convivencia.

Un gesto que dura apenas unos minutos, pero que ha logrado ganarse la admiración del mundo entero y convertirse en un ejemplo de respeto, educación y responsabilidad colectiva.

Miles de personas abandonaban el estadio tras el partido. Las tribunas quedaban vacías, los cánticos se apagaban y la emoción del encuentro llegaba a su fin. Sin embargo, un grupo de aficionados decidió quedarse.

No estaban esperando a los jugadores ni buscando una fotografía especial. Lo que hicieron fue algo mucho más sencillo, pero también mucho más poderoso: comenzaron a recoger la basura que había quedado en las gradas.

Cuando les preguntaron por qué lo hacían, su respuesta sorprendió a millones de personas: "Nos han enseñado eso desde niños".

Una historia que demuestra cómo los pequeños actos pueden reflejar grandes valores y que nos invita a reflexionar sobre el respeto por los espacios que compartimos.

15/06/2026
13/06/2026

Gran Historia A los 6 años, en un pueblo del delta del Nilo, su cuerpo fue marcado por una práctica que combatiría durante toda su vida. A los 40 años, su libro Mujer y s**o fue prohibido en Egipto. A los 49, fue encarcelada bajo el gobierno de Anwar el-Sadat. A los 89, murió en El Cairo sin haber aprendido a callarse.

Se llamaba Nawal El Saadawi.

Nació el 27 de octubre de 1931 en Kafr Tahla, Egipto.

Su padre trabajaba en el sistema educativo. Su madre venía de una familia más acomodada. En casa había libros, normas y contradicciones.

Le enseñaron muy pronto que una niña debía obedecer.

Pero Nawal ya miraba el mundo de otra manera.

¿Por qué el niño podía salir libremente mientras la niña debía vigilar su cuerpo, su voz, su risa y su futuro?

¿Por qué una niña debía depender de un marido para vivir?

¿Por qué un niño debía crecer sin aprender a sostener una casa, consolar a un hijo, ocuparse de una cocina y cuidar lo cotidiano?

Esas preguntas nunca la abandonaron.

Se convirtió en médica.

No en una mujer decorativa en un salón.

En médica.

Estudió en El Cairo, trabajó en pueblos, observó los cuerpos de las mujeres pobres, sus miedos, sus embarazos impuestos, sus silencios y sus dolores que nadie quería nombrar.

Comprendió algo sencillo: la opresión no siempre empieza en las leyes.

A veces empieza en la habitación de una niña.

En las frases repetidas.

En los papeles repartidos.

En lo que se enseña a las niñas a soportar, y en lo que se olvida enseñar a los niños a hacer.

Entonces escribió.

Escribió sobre el cuerpo de las mujeres.

Escribió sobre la sexualidad.

Escribió sobre religión, política, medicina, matrimonio, vergüenza, dinero y miedo.

En 1972, su libro Mujer y s**o fue prohibido en Egipto.

Perdió su puesto en el Ministerio de Salud.

Pero no se detuvo.

Prohibida.

Vigilada.

Amenazada.

Continuó.

En 1975 publicó Mujer en punto cero, inspirada en su encuentro con una prisionera condenada a muerte.

En ese libro, la voz de una mujer quebrada se convierte en una acusación contra todo un sistema.

Luego llegó 1981.

Bajo Anwar el-Sadat, Nawal El Saadawi fue arrestada junto con otros intelectuales y opositores.

En la cárcel, le quitaron la comodidad.

No le quitaron las palabras.

Escribió con un lápiz de cejas sobre papel higiénico.

Ese detalle lo dice todo.

Cuando intentan silenciar a una mujer, a veces ella encuentra una frase en el objeto más frágil.

Después de su liberación, siguió defendiendo una idea que muchos consideraban peligrosa: las mujeres no deben ser educadas para depender, y los hombres no deben ser educados para ser servidos.

Una niña debe aprender a ganarse la vida.

Un niño debe aprender a cuidar una casa.

Una relación no es un contrato de supervivencia.

Ahí es donde su mensaje sigue tocando una verdad profunda.

Porque no habla solo de amor.

Habla de educación.

Si una niña crece creyendo que solo puede vivir a través de un hombre, a veces elegirá seguridad antes que respeto.

Si un niño crece creyendo que una mujer existe para servirlo, confundirá el amor con la comodidad.

Nawal El Saadawi quería romper esa mecánica antes de que se convirtiera en un matrimonio infeliz, una dependencia o una prisión suave.

No decía a las mujeres que odiaran a los hombres.

Decía a los niños que se convirtieran en personas completas.

Financieramente.

Prácticamente.

Emocionalmente.

El 21 de marzo de 2021, Nawal El Saadawi murió en El Cairo, a los 89 años.

Había atravesado la censura, la prisión, el exilio, las amenazas y los insultos.

Pero dejó detrás de sí una frase más fuerte que un eslogan: no se construye una relación sana con dos mitades educadas para necesitarse.

En Kafr Tahla quisieron enseñarle obediencia.

Ella eligió autonomía.

Y pasó su vida recordando que un niño libre puede convertirse en un adulto más justo.

El amor no es una dependencia bien decorada.

Una mujer no es un seguro de vida.

Un hombre no es el dueño de una casa.

Dos personas se encuentran mejor cuando ninguna fue educada para pertenecer a la otra.

Fuente: Britannica ("Nawal El Saadawi", 17 de marzo de 2026)

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