21/04/2025
Atencion!!!
Clientes, eventistas y proveedores les comparto la experiencia de una pastelera de Cusco que vivio esta mala esperiencia con una "eventista" de la ciudad de cusco
Toda mi solidaridad contigo Tortas Temáticas BALU!!!
Cabe resaltar que dicha "eventista" hizo lo mismo conmigo pidiendome surtir en su pedido cajitas basicas y luego reclamando el porque no todas eras premium o shaker, claramente viendo este comportamiento me doy cuenta que lo que hace es una mala practica que al parecer lo hace para abaratar costos y luego hace quedar mal al proveedor (osea nosotros) frente a sus clientes diciendo que nosotros no cumplimos con la calidad o cantidad solicitada.
En mi caso me quiso "devolver" mis productos pero cuando mande a recogerlos nadie sabia nada, acaso penso que porque estaba en Cusco o Quillabamba no podiamos llegar a Calca o al Valle sagrado donde eran sus eventos ese fin de semana??? Mande a recoger todo lo que se le envio y nadie dio cara, y luego en fotos vi todas mis cajitas puestas y luciendose en cada uno de sus eventos!!!
lo peor esque es la unica eventista que no paga el delivery o envios en fin es una experiencia más.
Al final no le entregue sus escenarios porque ya vi que no me iban a pagar. Espero nadie vuelva a caer y tengan q vivir estas malas experiencias.
Una reflexión sobre el respeto al trabajo de quienes estamos detrás
Hoy quiero hablar desde mi experiencia, porque muchas veces se pasa por alto todo lo que hay detrás del trabajo de un proveedor. Y ya es hora de poner límites.
Desde Balu Cake, me esfuerzo cada día por entregar productos que cumplan con lo que se acuerda: con calidad, a tiempo y con todo el amor que le pongo a lo que hago. Pero hay personas que no valoran ese trabajo, y no tienen problema en usar a los proveedores como si fuéramos descartables.
Hace poco, una organizadora de eventos me encargó una torta de 70 porciones. Yo cumplí tal cual lo pactado. Más tarde me enteré de que ella le había prometido 100 porciones a su clienta, sin decirme nada. Cuando la clienta se dio cuenta, en vez de asumir su responsabilidad, me culpó a mí, como si yo hubiera fallado.
Pero eso no fue todo. También se negó a pagarme con la excusa de que el pedido no estaba “como habíamos quedado”, lo cual no es cierto. Y encima agregó que llegué tarde, cuando fue ella misma quien se negó a asumir el costo de un taxi para enviar el pedido por separado.
Ese día tenía tres pedidos con ella, todos fuera de la ciudad del Cusco. Como no quiso cubrir el traslado, tuve que llevarlos yo misma. El pedido llegó con un leve retraso, pero a pesar de todo el esfuerzo por cumplir, volvió a usar eso como excusa para no pagarme.
Además, comentó que los bocaditos estaban incompletos, lo cual me hace pensar que probablemente hizo lo mismo que con la torta: ofrecer más cantidad de la que realmente me pidió, y luego culparme a mí para cubrir su error.
Su forma de operar es pedir productos más pequeños y de menor cantidad, darles una presentación llamativa y venderlos a precios exorbitantes. Y lo hace a pesar de que yo ya le doy un precio menor por ser eventista, porque entiendo su trabajo y siempre trato de apoyar a quienes también trabajan en este rubro.
Aun así, se aprovecha, oculta la verdad a sus clientas y cuando algo sale mal, se lava las manos y culpa a los proveedores. Sabe Dios a cuántos más les habrá hecho lo mismo.
Y quiero aclarar algo importante:
No todos los eventistas son así.
He tenido la suerte de trabajar con personas maravillosas, organizadas, comprometidas y sobre todo honestas, que valoran a sus proveedores y tratan con respeto. A ellos, todo mi agradecimiento y admiración. Hay eventistas que hacen un trabajo increíble y merecen todo el reconocimiento, tanto por su profesionalismo como por su calidad humana.
Este tipo de prácticas deshonestas no solo desgastan, también dañan profundamente a quienes trabajamos con dedicación y respeto.
No se puede construir nada bueno cuando se juega con el esfuerzo de los demás.
Y lo más indignante de todo esto, es que terminan afectando directamente la imagen de nuestras empresas.
Porque los clientes finales creen que nuestros productos son ridículamente pequeños o de baja calidad, cuando en realidad fueron ellos quienes recibieron menos de lo que se les prometió por parte del intermediario.
Eso es lo que más duele: que comprometan nuestro nombre y la reputación que tanto nos cuesta construir.
No comparto esto por enojo, sino por necesidad.
Para decir basta.
Basta de abusar del trabajo ajeno.
Basta de ensuciar nombres para salvar apariencias.
Desde Balu Cake, voy a seguir trabajando como siempre: con compromiso, responsabilidad y amor por lo que hago. Pero ya no voy a quedarme callada cuando intenten pisotear mi trabajo.
Gracias de corazón a quienes siguen confiando en mí. El apoyo real se nota… y se agradece.