10/03/2026
¡Hoy celebramos al tapatío! Luis Barragán nació un domingo 9 de marzo de 1902 en el barrio de Santa Mónica, Guadalajara. Hijo de Juan José Barragán y Ángela Morfín, creció junto a sus cinco hermanos en el seno de una familia católica. Formado en las mejores escuelas jesuitas de su localidad, su infancia transcurrió, también, en la Hacienda de Corrales, cerca de Mazamitla, en las montañas de la Sierra del Tigre.
Ese pasado, sin duda, ayudó a formar al sensible creador que hoy es un referente en el mundo. Entre los colores de la naturaleza, sonidos, olores a madera, tierra y campo conjugaron la raíz de su trabajo. En donde Barragán entendió que la esencia de su obra residía en algo aún más profundo: el ser humano que no sólo debía construir estructuras, sino invitar a contemplar el rededor con mayor perceptibilidad.
En sus diseños, la vida monástica, la privacidad y el regocijo se integran con sutilidad para crear el refugio ideal. Con cada apertura y contención espacial también plasmó la tradición del México colonial; enseñándonos que la arquitectura debe trascender al mero hecho de su funcionalidad física y conectarnos con algo más espiritual en donde la naturaleza, en múltiples posibilidades debe siempre ser exaltada.
Barragán nos legó una arquitectura que no sólo pertenece a un período limitado, sino un a concepto amplio y renovador del hogar mexicano, en dónde se enaltecen también las emociones que nos hacen profundamente humanos.
Un poco exasperado por tanta atención, y no sin cierta didáctica ironía, Luis Barragán dijo una sentencia definitiva: “No se preocupen por lo que Barragán hizo, mejor vean lo que Barragán vio”…
-Juan Palomar, “Reporte al Tapatío”, Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, 2019.