28/11/2025
Un hombre decidió poner a prueba la seguridad de Cinépolis y, de paso, consentir a los asistentes: llevó un trompo de pastor disfrazado de “bebé” dentro de una carriola. El trompo pesaba alrededor de cinco kilos y, para completar la escena, también ocultó una botella gigante de refresco. Incluso contrató a un taquero para acompañarlo en la misión.
Al llegar, un trabajador del cine se acercó a preguntar si el “niño” estaba bien, y el señor, para no levantar sospechas, terminó dándole una ración de tacos.
Una vez en la sala, destaparon la carriola, el taquero encendió el cuchillo y comenzó a servir carne, mientras el responsable del plan repartía tacos entre todos los presentes. Según contó, hasta se formaron varias personas dentro del cine esperando su turno. Y sorprendentemente, nadie se dio cuenta de la travesura.
Eso sí, sirvieron los tacos sin adornos: nada de cilantro o cebolla, porque el olor después sí hubiera sido imposible disimular.