Reni Briones nunca serás Andy Ki porque vales pura Moreira Rangel

Reni Briones nunca serás Andy Ki porque vales pura Moreira Rangel Me equivoqué de red social...

10/08/2025

Crónica Segunda de Tulancingo y de las Sombras del Recuerdo

Pasaron los años como polvo arrastrado por el viento, y Tulancingo, aunque firme en sus cimientos, nunca volvió a ser la misma desde el duelo de Renata de Briones y Andy Ki.
Las gentes del lugar juraban que, en noches de luna encapotada, podían oír aún el choque distante de las espadas Cartier, como un eco atrapado entre las paredes antiguas de la plaza.

Los labubus, aquellas criaturas nacidas del combate, habían crecido y se multiplicaban en silencio. De su olor a girasol se desprendía un extraño hechizo: quien lo aspiraba caía en nostalgias profundas, recordando amores que nunca tuvo o amistades que jamás existieron. Muchos terminaban vagando como si buscaran algo que no podían nombrar.

Fue entonces que el caballero Tepolingo de Jacaranda, hombre de voz grave y armadura teñida del violeta de las flores de su nombre, llegó a Tulancingo. Decía haber viajado desde las sierras lejanas para estudiar a los labubus y hallar forma de romper su hechizo. Mas pronto se vio envuelto en las viejas disputas del lugar, pues su linaje estaba emparentado con la legendaria dinastía Pri Chacón, un clan poderoso que durante siglos había manejado los hilos políticos y sentimentales de media comarca.
Los Pri Chacón eran conocidos por su habilidad para mantenerse en el poder, ya fuera en tronos, mesas de consejo o corazones ajenos. Su lema, “Todo es nuestro, hasta lo que no se ve”, era repetido tanto con respeto como con burla.

Mientras tanto, la historia de las vasallas Nina Mor y Abigail Rangel seguía susurrándose en las cocinas y en los mercados. Aunque habían partido para vivir un amor en secreto, su vínculo se había convertido en un laberinto. Nina permanecía orbitando a Abigail, sin atreverse a entrar en su vida de nuevo, y Abigail había desaparecido sin dejar más que un hueco difícil de olvidar. Cuando se encontraban, negaban lo vivido, como si borrar el pasado lo hiciera menos real.

Tepolingo, intrigado por esta tragedia y por las luchas antiguas, comenzó a indagar en los archivos y leyendas, hallando pistas de que la caída de Renata y Andy estaba ligada a un pacto secreto entre la dinastía Pri Chacón y fuerzas más antiguas que la villa misma.

Tulancingo, con todo, siguió creciendo. Nuevos nombres surgieron, nuevas historias comenzaron, pero la sombra de Renata, Andy, Nina, Abigail, Tepolingo y los Pri Chacón seguía latiendo en cada esquina.
Y así, la villa vivía entre lo que fue y lo que nunca terminó de ser, como si todo su destino estuviera escrito no en piedra, sino en un papel frágil, a merced del viento.

07/08/2025

Crónica de Renata de Briones, Dama de Tulancingo, e los Fechos que Siguieron

En los días d’antaño, quando’l sol alunava d’este a oeste sin ser tocado por humo de máquinas, e las bestias aún parlavan con los homes, nasció en tierra sin nombre una donçella de noble linaje: Renata de Briones, la forjadora de Tulancingo.

Esta Renata, de ojos como lagos quietos e voz que fendrías montañas, alçó la villa con sus manos, ayudada de bueyes, cantos e lágrimas. Era tul de su manto más rico que el lino de Damasc, e su corona feita de ramas de jacaranda. Mas no todo era paz nin dulçura.

Porque dende el sur oscuro, vino una otra de sangre ardida: Andy Ki, la Negra Comadre. Fiera e rencorosa, de su mirar brotava el hiel, e su boca paría maldiciones en forma de poesía. Juró en su pecho destruyr Tulancingo e quitar a Renata su gloria.

Sucedió entonçes que, en la plaza mayor, baxo luna de queso amargo, empuñaron ambas espadas de Cartier —robadas al rey de los francos—, e comenzaron duelo que duró siete noches e siete días. Cada golpe fizo salir chispas que dieron vida a mil labubus, bestiçuelos alados que hedían a girasol tostado e cantavan en voces de niños mu***os.

Mas en medio del fragor, dos vasallos de la reina Renata —doña Nina Mor, dama de voz de arpa, e doña Abigail Rangel, sabidora de estrellas e hierbas— fuyeron del campo con corazones en fuego. Enamoradas una de otra, buscaron vivir amor secreto entre breñas e riscos.

Ay, mas el destino, traidor como traidor es el vino dulce, tornó aquel amor en tragedia. Porque Nina hízose orbiting, girando sin fin mas sin jamás tornar. Abigail, triste, fizo ghosting, desvaneciéndose como aliento en invierno. Luego, ambes se gaslighthearon, diciéndose que nunca fue amor, que nunca fue nada, hasta que la pena les comió los huesos.

Mientras tanto, Renata e Andy seguían su lid, mas en el golpe postrero, ambas cayeron, no por hierro, mas por llanto compartido. Entendieron que eran dos caras de mesma moneda, dos fuegos de mesma hoguera.

Tulancingo quedó, pues, huerfana de madre, pero rica en leyendas. Los labubus siguen aún rondando, buscando oler girasoles nuevos. E en las noches más calladas, se oyen susurros de Nina e Abigail, buscándose sin encontrarse jamás.

Aquí acaba la estoria, mas no el suspiro.

Dirección

Rancho Briones
Tulancingo

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