14/04/2026
El último acto de la alegría
Por: Aeropayasos
----El maquillaje tiene una propiedad casi mística: logra ocultar al hombre para darle paso a la leyenda. Pero hoy, en Tampico, el maquillaje se ha mezclado con el llanto. La noticia de la partida del Payaso Fusilín no es solo el reporte de un deceso más; es el cierre de un capítulo dorado en la memoria sentimental de nuestra región.
Dicen que los payasos son los guardianes de la infancia, y Fusilín fue, durante décadas, el custodio más fiel de la inocencia. No hubo fiesta, festival o plaza pública que no se iluminara con su sola presencia. Su humor no necesitaba de artificios modernos ni de la estridencia de las redes sociales; le bastaba su carisma, su respeto al público y esa capacidad casi quirúrgica para extraer una carcajada incluso del alma más seria.
Ver la imagen de sus colegas y amigos portando con orgullo el uniforme de los "Guajolotes de la Sierra", cabizbajos y unidos en el dolor dentro del recinto sagrado, nos recuerda que detrás de las narices rojas y los trajes coloridos hay una hermandad forjada en el esfuerzo de hacer felices a los demás. La escena es poderosa: el contraste del fucsia vibrante de sus chaquetas contra la sobriedad del duelo, una metáfora perfecta de lo que fue su vida: dar color en medio de la gris rutina.
La partida de Fusilín nos deja una lección sobre el valor del oficio. En un mundo que camina de prisa, él se detuvo para regalar tiempo, globos y risas. Hoy, las carpas están en silencio y los zapatos gigantes han dejado de caminar, pero el eco de sus chistes y la calidez de su voz permanecerán en cada adulto que, al cerrar los ojos, vuelva a ser el niño que se asombró con su magia.
Se apagan las luces del escenario terrenal, pero se enciende una luz perpetua en el firmamento de los artistas. Fusilín no se va; simplemente se adelantó para preparar el show en el lugar donde la risa nunca termina.