02/07/2025
"Estamos viviendo hoy en una edad en que las fuerzas psíquicas y las fuerzas mentales, que se hallan ocultas detrás de las escenas de la evolución, son extremadamente activas en la agitación de las fuertes emociones y pasiones de la humanidad. Porque el destino ha impuesto que se ajuste las cuentas de las naciones, esas cuentas deben pagarse, y que se paguen por completo o en parte, depende enteramente de ellas.
Mediante un cambio en la actitud mental o del corazón, la mitad del destino fatídico podría ser barrida al instante. Pero si no cambiamos, o sino comprendemos la necesidad de un cambio, entonces las fuerzas ciegas del destino seguirán adelante y realizarán su obra. Para lograr este aquietamiento del destino, todo lo que está oculto debe ser sacado a la luz, todo lo que está en el fondo debe salir a la superficie, y nosotros vemos muchas cosas en el alma de la humanidad que son buenas; pero también hay muchas cosas malas e incluso algunas que son detestables.
Debido a que este es un período que se cierra, una transición de una época a otra, las fuerzas psíquicas para lo bueno y para lo malo son más activas y más abiertas que antes. De modo que se pueden ver muchas cosas que se desaprueban, o la gente decir o hacer cosas que nos causan disgusto. La presión sobre la mente de la humanidad provoca hoy tanto gusto activo como disgusto activo, amor u odio, y fuerza a la humanidad a que se divida en dos bandos, cada uno de los cuales odia activamente al otro.
Las ciegas fuerzas psíquicas están tratando de reproducir sus propias condiciones en este plano material; han creado un mundo dividido en dos campos, cada uno de los cuales odia activamente al otro. No importa los nombres políticos que se den a esos campos. Lo que es psicológicamente importante es que la mitad de la humanidad está siendo urgida a odiar a la otra.
¿Cómo podemos ser tolerantes en tales condiciones?, se preguntarán. Es aquí donde debemos hacer uso del sentido común y, sobre todo, de sabiduría. Jesús dijo una vez: "Sed mansos como palomas, pero astutos como serpientes". Definitivamente se puede afirmar que tales palabras fueron aplicadas a las condiciones tales como las que estamos viviendo. Cuando uno se tropiece cara a cara con un individuo o con un grupo que represente las destructivas fuerzas de la Naturaleza, entonces se debe aplicar la segunda mitad del consejo de Jesús, ese de ser tan astuto como una serpiente. Cuando se esté con aquellos que representen el lado constructivo, entonces uno puede ser manso como una paloma.
Siempre se debe ser tolerante interiormente, comprendiendo que las ocultas fuerzas se están expresando de la única manera en que pueden expresarse. Son ciegas y destructivas porque la vida y la experiencia los han llevado o tal punto. Así que debemos compadecerlos en su ignorancia y hasta tal extensión ser tolerantes. Pero si el deber de cualquier clase nos obliga a enfrentarlas y tener una relación activa, se debe ser astuto como serpiente y hacer lo que dicta el buen sentido. De este modo no se hará ninguna violencia sobre la propia tolerancia, pero dentro de tal tolerancia se cumplirá el deber resueltamente.
Si uno se da cuenta de cuáles son las esencias de la religión, se descubrirá todo lo que se necesita saber. Si se toma parte en el juego de la sociedad, o se deben cumplir los rituales de la religión ortodoxa, debe hacérselo. Pero la verdadera religión está más allá de esas cosas. No solamente es verdadera, sino sana, porque no demanda de uno nada que no pueda aceptar la inteligencia. No exige ciega adhesión a dogmas que hasta lós más ingenuos de los niños rechazan por inciertos; no exige el cumplimiento de costumbres y hábitos que son anticuados, futiles, vacuos e irrazonables. Por todo ello, es una religión sana, racional y práctica.
Algo dentro de nosotros está satisfecho y reclama una más elevada existencia. Debemos buscar nuestra propia experiencia espiritual en lugar de vivir de los resultados de otras. Debemos orar, no por más verdad sino por más voluntad para vivir fuera de la verdad que ya poseemos; no para que Dios nos ame, sino para nosotros amar a Dios más y ayudarlo permitiéndole actuar a través de nosotros, a través de nuestros cuerpos. Dentro del corazón mora la suprema divinidad; a menudo se nos permite saber que allí reina soberanamente; pero a menos que cumplamos la voluntad de esa divinidad en los actos de nuestra vida diaria, no seremos verdaderos discípulos de ella."
Paul Brunton, La Realidad Interior