13/05/2026
La verdad es que sí sé de dónde viene esta necesidad que tengo de hacer fotos.
Viene de intentar darle sentido a mi propia historia.
De la añoranza de ya no tener cerca a algunas de las personas que me vieron crecer.
De ese dolor raro que no siempre destruye, pero sí se queda viviendo en uno.
Un dolor que, de alguna forma extraña, también se siente bonito.
Yo no nací con una habilidad especial.
En mi casa nadie era fotógrafo.
No estudié en una gran escuela.
No llegué a esto por herencia, ni por destino, ni por técnica.
Llegué por necesidad.
Por esa convicción casi voraz de que lo que vivimos no debería perderse tan fácil.
De que una mirada, una casa, una risa, una mano, una tarde cualquiera, también merecen quedarse.
Tal vez por eso hago fotos.
Porque en el fondo me niego a que todo desaparezca sin dejar rastro.
Porque algún día seremos recuerdo.
Y después, quizá, solo espíritu.
Pero mientras exista una fotografía,
también existirá una prueba de que estuvimos aquí.