08/01/2012
La Palabra Semanal 2
El Facebook no es otra cosa de un conjunto de muros hechos de palabras e imágenes. Una comunidad entre muros. Este concepto de “muro” no está tan lejano del origen mismo de la palabra “comunidad”. Muchos de ustedes han de pensar que hablamos de una "comunidad" para referirnos a personas que tienen algo en "común". O sea, que primero existe la palabra "común" y luego de ahí se deriva "comunidad". Pero es al revés. Durante la Edad Media, el comercio entre los diferentes reinos europeos dió origen a "cruces de caminos" donde se intercambiaban bienes y servicios. Al principio estos cruces eran simples amontonamientos de gentes que sobre unos “bancos” colocaban las equivalencias de las monedas de los diferentes reinos y feudos. Con el tiempo estos cruces de caminos se hicieron más populosos y prósperos. Las personas que no querían seguir siendo vasallos de algún Señor, acudían a estos nuevos centros poblacionales buscando riqueza. Hasta antes de ese momento la única manera de ganar dinero era heredándolo o conquistándolo a la fuerza. También habia pillos y ladrones, que empezaron a merodear estos famosos lugares. Para protegerse, los habitantes de las congregaciones construyeron murallas. En el latín común, estas murallas se llamaban "burgos", en latín elegante se llamaban "muns". De esta manera, las personas que vivían dentro de los muros, eran "co-muns" o sea que compartían murallas. De aquí viene comunidad. Con el tiempo se levantaron más murallas en las periferias, de acuerdo al crecimiento de la población. Los comercios y las iglesias se contruyeron en el centro (para ya no moverlas) y los comerciantes, los nuevos ricos, vivian entre las murallas. A esta nueva clase social, adinerada pero sin aristocracia, se les llamó "burgueses", por vivir entre los burgos, entre las murallas.
A pesar de que la palabra "ciudad" es más antigua (civis), estos lugares recibieron el nombre de ciudades hasta al el principio del renacimiento y más propiamente en la Ilustración, cuando se inventa el concepto de ciudadanía, que nuevamente se relaciona con el concepto clásico ateniense de persona con derechos políticos ante la República.