03/03/2026
Cuando un espacio público se encuentra en buenas condiciones, con accesibilidad, mantenimiento y reglas claras de convivencia, envía un mensaje poderoso: aquí caben todas las personas. Pero cuando se deja en el abandono, el mensaje cambia.
Durante el gobierno de José Ignacio Peralta Sánchez, diversos espacios en Colima registraron un deterioro evidente. Más allá de la discusión política, el abandono tuvo consecuencias sociales concretas: limitó el acceso, redujo la convivencia comunitaria y profundizó brechas para quienes ya enfrentan mayores obstáculos, como personas con discapacidad y adultos mayores.
Un caso representativo fueron las albercas del Parque Regional Griselda Álvarez, que durante años mostraron signos de descuido y falta de inversión. La condición de un espacio de esta magnitud no es un detalle menor: cuando un parque regional deja de ser funcional, se afecta la dinámica social, se reduce la actividad física y cultural, y se debilita el sentido de pertenencia.
Actualmente, la discusión pública se centra en la recuperación y adecuación de estos espacios bajo un enfoque de accesibilidad e inclusión. La próxima apertura del CRIT Colima también vuelve a colocar en la agenda el tema de la atención a personas con discapacidad y la necesidad de que la infraestructura urbana esté diseñada para todas y todos.
El análisis de fondo no es partidista, sino estructural: los espacios públicos reflejan prioridades de gobierno. Su cuidado o abandono habla de la importancia que se le otorga a la convivencia, a la salud y a la igualdad. En el debate sobre inclusión, no basta el discurso; la verdadera medida está en si cualquier persona puede, sin obstáculos, disfrutar de un parque, una alberca o un centro de atención en condiciones dignas.