23/01/2024
Germineuropalabras
¡Ne!
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Neromanías modernas
Un vaso con agua, una libreta y las lecturas de la plataforma quedaron a tu disposición en cuanto entraste con tu usuario y contraseña. Hiciste un recorrido por todo el material mientras el expositor explicaba los términos generales para navegar en el portal principal de tu nueva maestría en “Neuroeducación (para la enseñanza y el aprendizaje”). Al momento de escuchar de un nuevo botón lo clickeabas de inmediato mientras algunos otros compañeros intentaban no perderse en entre el scroll de color naranja recién abierto.
Te tomó algunos minutos recorrer los paneles generales y los contenidos a desarrollar –en toda la plataforma– y mientras tus manos casi en “automático” lograban acceder a todos los recursos disponibles: audios, videos, enlaces web, documentos descargables, tu cabeza ya estaba tratando de organizar la cantidad de información, que tendrías que revisar, leer o escanear para cumplir con los requisitos iniciales de acreditación.
A tu alrededor, quizá arriba de tus hombros, se encontraban atentas varias generaciones de tus ancestros, mirando tu pantalla de la Mac, un poco extrañados por “tanta cosa rara” que mirabas atenta en esa pantalla plana frente a ti y que ellos, nomás no entendían. «¿Qué es eso de googlear?» repitieron a coro cuando te escucharon decirlo en voz alta mientras buscabas un documento en inglés para comenzar con tu primera tarea, del primer módulo: “Understanding the brain: Neuromythologies, separating science from speculation”.
Para entonces ya habían pasado los cuarentaicinco minutos prometidos para la explicación inicial y cerraron la sesión luego de tan solo responder tres preguntas. Diste un sorbo a tu vaso de agua y mientras estirabas tus piernas dijite en voz alta: ¡Me gusta aprender! Tus ancestros hicieron algunos ruidos que no entendías, como bisbiseando algunos refranes que, de niña, seguro les escuchaste al menos a las abuelas Mariquita y Cholita y ahora repetían a tu oído:
–"Cada palo que aguante su vela" a nosotros no nos tocó esto, es como una tele, ¿no? nosotros luego de ordeñar a las vacas y terminar la faena, allá en el rancho frente al fogón y asando alguna gusguería, nos acercabamos a escuchar las aventuras de tiempos de la Revolución.
–Así es, y, mija "del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo", eso que haces parece inofensivo pero seguro son cosas del “demonio”.
–¡Avemariapurísima! –dijo Mariquita al tiempo que se persignaba.
–sinpecadoconcebida –repitieron todos.
–No sé cómo haces con todo eso solo moviendo los dedos como jugando en esos cuadritos.
Las voces se iban y venían y, para cuando acordaste, ya habías revisado todo el material y el reloj marcaba las 11:59pm. Algunas palabras germinaban en tu cabeza y conceptos que tenías como ciertos desvelaban de a poco nuevas verdades para ti. Casi seis horas entre leer, hacer anotaciones, comenzar a escribir un resumen y trazar el boceto del mapa mental (tarea 1). «¡Qué difícil va a ser esta maestría si tengo que hacer esto cinco días cada semana!» dilucidaste entre los neuromitos en tu cabeza que peleaban con tus verdades a cuestas.
Hiciste una pausa. Te pusiste de pie, y te diste golpecitos por todo el cuerpo con las yemas de tus dedos, como arañitas saltando por todo tu cuerpo. Notaste, al pasar por tus hombros, que cargabas ahí el peso de la atención sostenida en la pantalla, por horas, y te untaste un poco de calma con aceite de tu óleo favorito. Respiraste profundo y ese aroma con énfasis de eucalipto te relajó en un suspiro.
Al volver a revisar la pantalla notaste un ligero “detalle”: todas esas lecturas, videos y actividades que acababas de terminar, eran la tarea para toooda la semana, no para un solo día. Salió una leve carcajada y con ella cerraste la Laptop, soltaste las chanclas y te fuiste a colocar el pijama.
Mientras te preparabas para dormir, notaste que todas las neuropalabras que te rondaron en esta tarde-noche de estudio, jugaron con tu atención y, por querer estar en exceso atenta, perdiste de vista uno de los primeros detalles en las instrucciones. Miraste a tu Pilvi, que seguro tampoco entiende tus palabras –como tus ancestros– la abrazaste y, con una sonrisa, dormiste plácida y feliz.
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Al calce de este texto me detuve un instante. Un gracias repetido vino a mi mente y dejé de lado lo que tenía entre manos para llevarlas al corazón. Solo puedo pensar: ¡Gracias! Gracias porque tengo la posibilidad de elegir estudiar lo que deseo, en este caso, una maestría, gracias. Gracias por la claridad y cada posiblidad frente a mí. Me hago preguntas: ¿cuántas mujeres aun en este 2024 no tienen la posibilidad de estudiar? Ni siquiera de elegir si quieren estudiar, o no. ¿Cuántas mujeres de mi linaje no pudieron: Mi mamá, mis tías, mis abuelas, mis bisabuelas, mis tatarabuelas y más?; quizá no tuvieron alternativa más que seguir la vida, atender marido, cuidar hijos, llevar la administración del hogar y guardar sus sueños en los cajones de su ropero, mientras los otros sí decidían si querían o no estudiar o dedicarse a lo que le viniera en gana. Ellas llevaron con ahínco sus labores, casis in chistar, pero con los sueños bordados en cuadrillé o escritos con pluma fuente en pergamino.
¿Te das cuenta? me dije: ¡¡Qué afortunada soy!!
Pedí permiso a mis ancestras para romper esos patrones y hoy, en su honor y en el mío disfruto de esta elección.
Gracias, gracias, gracias vida, universo, divinidad, energía poderosa por permitir que en mi camino se abran puertas y oportunidades, por tomar las decisiones y dar los pasos que me llevan cada día hacia mi mejor bien. Respiro gratitud y el mundo me sonríe con partículas de paz.
Hasta aquí el reporte de una exprófuga del metate, ahora profesional de la Neuroeducación.
CCC
22-01-2024