20/11/2025
"Cuando pedí tres semanas de vacaciones para mi boda en Japón, me miraron como si estuviera cometiendo un acto de deslealtad. Allá es casi una ofensa pedir tiempo libre mientras todos están volcados en trabajar para la empresa. Al final, apenas me autorizaron una semana… y con cara de que me estaban haciendo un favor.
En ese ambiente, jornadas de 80 o 100 horas se consideran normales. No te vas antes que tu jefe, porque se interpreta como falta de compromiso. La puntualidad es otra historia: llegar diez minutos antes es llegar a tiempo; llegar “a la hora” ya es tarde. Y si te retrasas un segundo, mejor ni aparezcas. Olvídate de fiestas o salidas los fines de semana: todo es trabajo. Aunque tenía un título de Berkeley, pasé tres años tocando timbres y vendiendo Yakult (bebida probiótica japonesa) de casa en casa. Así se empieza allá.
Cuando me mudé a México después de esa etapa, me encontré con un mundo totalmente distinto: juntas que empezaban tarde, ideas improvisadas, procesos poco claros. Había mucho talento, pero hacía falta orden. Ahí entendí que una buena idea sin estructura se queda flotando.
Por eso decidí combinar lo mejor de lo que viví. De Japón, la disciplina; de Estados Unidos, el enfoque a resultados; y de México, la creatividad y la calidez. Estudié en California, aprendí a trabajar en Japón y terminé dirigiendo Yakult en México.
Al final comprendí que no se trata de copiar culturas, sino de tomar lo mejor de cada una y hacer una nueva forma de trabajar."
-Alejandro Kasuga, sobre disciplina, contrastes culturales y la mezcla que transformó su manera de trabajar.