09/05/2026
El pasado viernes 8 de mayo, gracias a la entidad enViBop , pude disfrutar de la presentación del proyecto personal del joven guitarrista soriano Samuel Martínez junto a excelentes músicos de piano, órgano, contrabajo y batería. La propuesta combina influencias del jazz, blues y rock junto al estilo recitativo “spoken voice”, una brutal crítica social.
A la tarde siguiente en casa descorché Rayo de Luna Brisado y, con la copa en mano, reflexioné delante de un cuadro de Nacho Vergara proyectado en mi portátil.
En ese instante todo cuadraba.
El vino era parte de la lectura de la obra.
El color ámbar con irisaciones doradas me recordaba las palabras punzantes de Samuel. Concretamente a la flor, una gran metáfora de su certera crítica social.
Las notas de manzanilla, hinojo, monte bajo, membrillo y el apunte tímido del almíbar de mi copa me trasladaban inmediatamente a épocas duras y rebeldes, al inconformismo visto desde mi comodidad actual. Rodeada de amor y un hermoso techo.
La pantalla del ordenador me aterriza al aquí y al ahora: la violencia desapercibida cotidiana existe y es extremadamente persistente. Esa persistencia que hace que mires más lento, que te detengas.
Mientras observo el cuadro, el vino va cambiando, como todos nosotros con el paso del tiempo y las experiencias vividas. Ahora el vino es menos herbal y muestra su lado más tierno de fruta madura, piel cítrica, sensación terrosa, casi oxidativa y una acidez que lo mantiene todo en tensión.
Igual que en la música y en el cuadro: equilibrio inestable.
A veces, para mejorar, es necesario romper las reglas. Como en la obra, en la música y en el vino de la copa, donde una uva blanca es utilizada para explorar la sensación táctil de un tinto.
Durante estos minutos, el cuadro, el vino y el recuerdo del concierto hablan el mismo idioma.
A veces una copa explica perfectamente un cuadro y un recuerdo musical.
A veces un concierto y un cuadro nos enseñan a entender un vino.