29/10/2026
Estos días en la floristería son de auténtica locura. Las manos van rápido, el tiempo vuela entre encargos, las carreras por los pasillos se multiplican y, no vamos a negarlo, siempre está ese pequeño n**o en el estómago, el miedo constante a que algo falle, a no llegar a todo, a que las cosas no salgan perfectas para el Día de Todos los Santos.
Pero de pronto, la vida te sacude con una bofetada de realidad que lo frena todo de golpe. Te enteras de una tragedia terrible, de un accidente que ha costado la vida a tantas personas, y en un segundo, el mundo se paraliza.
Se te cae el alma a los pies al pensar en lo que eso significa: tantas vidas truncadas de golpe, tantas familias destrozadas y un dolor inabarcable para cientos de personas que hoy lloran a los suyos. Y en ese instante, todo nuestro estrés diario, los agobios, las prisas y los miedos absurdos se desvanecen. Se quedan en nada. Quedan reducidos a lo que son: pequeñeces sin importancia frente a la fragilidad de la vida y el peso de una pérdida tan profunda.
Hoy, entre flores y recuerdos, nuestro pensamiento y nuestro corazón están con las víctimas y sus familias. Lo demás, hoy, simplemente deja de importar.
D.E.P.