25/08/2025
Loor al cantón La Troncal, en sus 42 años de cantonización.
Por tal motivo, compartimos esta reseña histórica de este pueblo de luchas incansables.
La Troncal – memoria de una lucha incansable por su propia independencia
Por: Diego Araujo S.
Las luchas sociales se reproducen a lo largo de la historia con una misma dinámica protagonizada por diferentes actores: los opresores, caracterizados por los grupos de poder, frente al pueblo oprimido que ha luchado constantemente por su emancipación y conquista de derechos. Así, se puede recapitular diversas gestas históricas que, en el caso de Ecuador y Latinoamérica, se dieron a lo largo del siglo XIX, principalmente para emanciparse de la corona española. La historia de La Troncal, por su parte, muestra una gesta libertaria propia de la modernidad. No se habla de una lucha emancipadora frente a una corona conquistadora, pero las formas se reproducen con actores análogos: por un lado, las grandes empresas y, posteriormente, los gobiernos locales a los que alguna vez esta población perteneció, frente a un pueblo obrero en la búsqueda de garantizar sus derechos: el derecho a habitar en el lugar al que destinaron, a riesgo de su propia vida, su fuerza de trabajo, frente a un destino incierto y en condiciones precarias.
Esta analogía resulta válida, y aún más heroica que en otras épocas, porque La Troncal surge desde la esperanza de consolidar una población, en donde hasta mitad del siglo XX, no existían más que escasos asentamientos y dispersas viviendas que acogían a los grandes terratenientes de la época. Es así que, a diferencia de las luchas emancipadoras de las que en reiteradas ocasiones se habla en los libros de historia, la lucha de la población del cantón La Troncal no se desarrolló en un poblado con sustento de infraestructura, servicios sociales, atención administrativa y otros servicios de orden civil y político, que permitieron a las poblaciones emancipadas dar continuidad a su desarrollo desde su derecho a autodefinirse; por el contrario, los primeros troncaleños fundamentaron su lucha en el propio derecho de construirse en este territorio, y proyectarse en una población luchadora, para materializar en pocos años el sueño del que ahora goza este pueblo: ser el cantón más productivo y de elevado potencial de desarrollo y crecimiento de la provincia del Cañar.
La presente reseña busca consolidar, en pocas palabras, el proceso histórico que dio vida al cantón La Troncal, con enfoque especial en sus principales actores, de quienes aún se conserva la memoria de su nombre, y también rendir un homenaje a todos aquellos luchadores anónimos que entregaron su vida para fundar esta próspera población.
El territorio que actualmente corresponde al cantón La Troncal fue poco explorado principios del siglo XX. Inicialmente, esta zona fue conocida como Rircay, nombre que deriva de la hacienda de posesión del Dr. Pío Bravo, que se extendió entre las actuales provincias de Cañar, El Oro y Guayas, y se caracterizaba por ser una zona de selva poco habitada, por donde se abrieron rutas para las actividades comerciales entre Cuenca, Guayaquil; y, paralelamente, la ruta comercial entre las poblaciones de Cañar y Guayas, que se infiere, según las evidencias, fueron rutas de comercio desde épocas preincásicas (Loja, 2022).
Resulta relevante comprender cómo la geopolítica internacional incidió en la conquista de estas tierras que, previamente, estuvieron habitadas por pocos colonos dispersos en diferentes zonas. De esta manera, la Segunda Guerra Mundial incrementó la demanda de madera y caucho, lo que impulsó a las grandes compañías, principalmente de Guayaquil, a buscar conquistar estos bosques para la explotación de esta materia prima. Así surgen las primeras luchas territoriales, principalmente en lo que actualmente es el territorio de Manuel J. Calle y Pancho Negro; las primeras parroquias en fundarse, antes de la existencia del poblado en La Troncal.
Las primeras parroquias
La primera parroquia en fundarse, como parte del cantón Cañar en la zona costanera del Rircay, fue Manuel de Jesús Calle, conocida como Manuel J. Calle, cuya cabecera parroquial se asentó inicialmente en lo que hoy se conoce como La Primavera Vieja, en donde se fundó también la primera escuela del territorio cantonal, llamada Juan Montalvo, en el año 1934. La necesidad de fundar la parroquia surgió, en parte, por las presiones de las grandes empresas que intentaron desalojar a los colonos que, desde el siglo XIX llegaron a poblar el espacio ocupado actualmente por Manuel J. Calle y La Puntilla, principalmente desde el Azuay, por una posible ruta desde Sayausí, Chanceo, Tanzaray, Manta Real, La Suya, desviarse hasta la parroquia San Carlos (o hasta Zhuya), cruzar el río Cañar y llegar hasta lo que actualmente conocemos como La Puntilla (Abad, 2009).
En este contexto, surge la figura de un hombre destacado y, posiblemente, el primer defensor del territorio provincial de Cañar en la costa: el ciudadano Macario Muñoz, quien, en calidad de propietario de amplias extensiones de tierras en Manuel J. Calle, luchó por evitar el ingreso de las grandes compañías, lucha por la cual fue asesinado. Posteriormente, sus herederos se vieron en la obligación de vender los predios a la Compañía Unit Fruit. Esta serie de acontecimientos provocaron que las familias que se dedicaban al comercio en menor escala, ubicadas a orillas del Bulubulu, presionaran al consejo cantonal de Cañar para su parroquialización; petitorio que empezó desde 1926 y se hizo efectivo un 16 de noviembre de 1932; acto administrativo que puso en vigencia el debate limítrofe entre las provincias de Guayas y Cañar; debate que —valga aclarar—, surge por la hegemonía e imposición de la provincia costanera del Guayas en contra de Cañar, que, política y territorialmente tenía menos injerencia en las grandes decisiones. En palabras del Dr. Germán Encalada: “el pez grande intentando comerse al pequeño” (Encalada G. , 2025); dado que este problema no debía haber sido objeto de debate, toda vez que existía ya un acuerdo de división territorial que deriva de la provincialización de Cañar, que nace en 1880 con el nombre de provincia de Azogues y en 1884 adopta el nombre de provincia del Cañar, con territorios que se extendieron hasta el litoral, ocupando el denominado “Estero Verde”, abarcando El Triunfo, San Alfonso, Huaquillas, El Capricho, Achote, Primavera, Carmela, Targelia, Piedrero, San Isidro, El Ají; zonas que conformaron en la posterioridad la parroquia Manuel J. Calle (Encalada, 1990).
Estas tensiones políticas se trasladaron al territorio. Yaguachi, reclamaba que Manuel J. Calle se fundó ocupando circunscripciones pertenecientes a su jurisdicción. Esto impulsó un primer acuerdo limítrofe en el año de 1948; el denominado Acuerdo Andrade-Pérez, firmado entre Miguel Ángel Andrade, delegado de la municipalidad de Cañar, y el Dr. Raúl Pérez, del municipio de Yaguachi; acuerdo que no fue aceptado satisfactoriamente por el Guayas, por la creencia estereotipada de que una provincia de la sierra ecuatoriana no podía tener jurisdicción en la zona costanera; fundamento carente de sustento jurídico y que impulsó a que los conflictos se repitan con la posterior parroquialización de Pancho Negro y cantonización de La Troncal; y se mantienen sin resolución hasta la actualidad (Espinoza & González, 1987).
Pancho Negro fue jurisdicción de Manuel J. Calle hasta el 9 de abril de 1961, en que se funda como parroquia. Anteriormente, estas tierras estuvieron ocupadas por las compañías: Balsera Chilena, Agrícola del Guayas y Unit Fruit. Tras las primeras explotaciones de madera, las extensiones de tierra fueron vendidas a la Srta. Plácida Bravo (principalmente), quien fundó la Hacienda “La Grecia”, que se extendió desde Pancho Negro hasta La Puntilla. Es preciso aquí rememorar también el nombre del primer colono de esta zona, de donde deriva el nombre de la parroquia: don Francisco Ayoví, quien llegó aproximadamente en la década de los 40, cuya historia actualmente se pinta como si de una leyenda se tratase.
La cantonización de Naranjal, en 1960 reavivó el problema limítrofe, al punto que, en la parroquia de Pancho Negro se generó un conflicto que obligó a autoridades del Cañar, comandadas por el Capitán Maza, junto con el presidente del concejo municipal, Alejandrino Moncayo, quienes llegaron hasta Pancho Negro y en conjunto con sus habitantes, destruyeron una garita de cobros para el tránsito, colocada por los hacendados de Naranjal, y avanzaron hasta la hacienda “La Indiana”, en donde el Guayas pretendía fundar una escuela. La tensión se repitió en condiciones similares en el año de 1984.
Otro de los territorios poblados previa aparición de La Troncal, fue Cochancay. Los colonos de esta tierra descendieron principalmente por el río Bulubulu, hasta Yanayacu, llegando posteriormente a ocupar Cochancay. En la década de los años 50, en este espacio territorial se formó el comité de productores bananeros, quienes se encargaron de fundar una escuela y, entre la década de los 60 y 70 contribuyeron para la construcción de la Iglesia María Auxiliadora (Abad, 2009).
Nacimiento de La Troncal
La ocupación de lo que hoy es La Troncal, como centro urbano, tiene un antecedente de pobladores dispersos en las parroquias Manuel J. Calle, Pancho Negro, y el recinto Cochancay, principalmente. Surgen, tras la segunda mitad del siglo XX, dos acontecimientos relevantes que aportan a la consolidación de La Troncal: la construcción de la vía Durán-Tambo, y posteriormente, la construcción del ingenio azucarero Aztra.
La Troncal fue previamente el territorio de la Hacienda La Cecilia, que en el año de 1938 estuvo en posesión de la familia Bravo, posteriormente pasa a sus descendientes, y, para el año de 1960 pasa a posesión del Mayor Ing. Alfonso Andrade Ochoa, quien para este año instala el campamento de la compañía Inca, atrayendo a los primeros colonos que ocuparon estos campamentos para la construcción de la vía Durán-Tambo.
Así, personajes como César Padrón, quien se asentó inicialmente en el campamento ubicado en Cochancay y posteriormente se movilizó hasta La Troncal, con fines comerciales, u otros como Herminio Bermeo Robalino (popularmente conocido como “Don Chiri”), quienes llegaron de diferentes zonas del país, como parte del personal de trabajo de la compañía Inca y se quedaron en los campamentos para, posteriormente, colonizar lo que hoy es La Troncal (Bermeo, 2025).
De este modo surgen los primeros emprendimientos en la ciudadela que entonces llamaron “La Cecilia”, que se ubicó en la zona sur-este de la intersección de la vía Durán-Tambo. Estas ocupaciones fueron legales y producto de comercialización. Aquí se levantaron viviendas de hacendados y comerciantes que vieron en este crecimiento poblacional la oportunidad de proveer de bienes y servicios a los trabajadores que llegaron desde el inicio de la construcción del Ingenio.
El Ingenio Azucarero Aztra surge de la oportunidad de mercado generada en el contexto internacional. Si bien, la demanda internacional de banano creció hasta la década de los años 50, fue en esta misma década que una plaga afectó los cultivos y generó un cambio en los intereses comerciales de los grandes empresarios. Fue así que, tras el bloque económico de Estados Unidos hacia Cuba, la demanda de azúcar crece a nivel internacional, incrementando también los cupos de exportación. De esta manera, el Mayor Alfonso Andrade Ochoa, en conjunto con inversores extranjeros tuvieron la visión de invertir en la construcción de un ingenio azucarero para la exportación.
Estas ideas se materializan en la constitución del ingenio Aztra, que nace jurídicamente un 11 de enero de 1964. Desde entonces, La Troncal empieza a recibir nuevos colonos, principalmente, agricultores y científicos que empezaron con pruebas de diversas especies de caña, con objeto de determinar el cultivo pertinente, así como ingenieros y obreros que se agolparon en esta localidad para la construcción del ingenio azucarero, que se inauguró oficialmente un 9 de diciembre de 1967 (Siguencia, 1994).
La construcción del ingenio generó un incremento poblacional significativo. Alrededor de 600 familias llegan en busca de oportunidades de trabajo en el naciente ingenio que significó una promesa comercial y de desarrollo para la provincia del Cañar. Gran parte de los obreros llegaron de Cañar, Azuay, y la sierra norte; pero también un importante grupo de familias de agricultores que fueron traídas desde Milagro, dada su experiencia en el cultivo de caña, por el ingenio azucarero Juan Valdés.
La lucha por la emancipación
El ingenio azucarero dotó de “canchones” en donde los obreros y sus familias se vieron obligados a vivir, mientras ofrecían su fuerza de trabajo a esta compañía; sin embargo, el clamor por condiciones dignas de habitación, fue creciente, lo que generó una progresiva lucha por conquistar espacios de ocupación, que dignifiquen sus condiciones de vida. En este marco, surgen tensiones entre obreros y el ingenio azucarero, propietario de gran parte de los terrenos que posteriormente fueron ocupados por los mismos obreros para fundar La Troncal.
Las ideas de emancipación se gestan en la consciencia de los obreros que, con su propia experiencia, comprenden las condiciones de opresión; sin embargo, la historia nos ha mostrado en reiteradas ocasiones que esta consciencia emancipatoria se materializa a través de los actos que orientan los líderes dispuestos a movilizar a las masas, para generar un beneficio común. En este marco, La Troncal tiene sus propios emancipadores, entre los que se destacan: Gaspar Molina, Luz Prado Galarza y Aldo Ruiz.
De esta manera, las ocupaciones empiezan a crecer en la zona nor-oeste de la vía Durán-Tambo, de forma paralela a la misma vía. Resultado de la organización de estos gremios de trabajadores, fue un 6 de abril de 1967 cuando los obreros, de forma sistemática, empiezan ocupaciones masivas direccionadas por estos principales líderes, quienes, en esta fecha, consideran que el pueblo de La Troncal se funda, y para esto, mediante acto simbólico realizan la elección de la reina de la fundación de La Troncal; dignidad que recayó en la ciudadana Sra. Estrella Cabrera (Campoverde, 2025).
Fue también a finales de 1967 que sucede un acontecimiento trágico; en un movimiento ocupacional de obreros que buscaron hacerse de un predio para la construcción de la iglesia católica, las fuerzas represivas policiales arremeten y en este enfrentamiento muere Luz Prado Galarza, en cuyo honor se nombró la ciudadela que hasta la actualidad conserva su nombre.
Así, las principales ciudadelas se formaron en lo que hoy es el barrio San Gerardo, La Cecilia y Luz Prado Galarza. Posteriormente, en la década de los setenta, la ciudadela Luz de América y Aldo Ruiz, se conforman en torno a la pista de avionetas de fumigación, cerca del cual existió un campamento de la compañía INCA, y hasta donde se extendieron los predios del ingenio azucarero.
Como se ha evidenciado en la creación de parroquias, la urbanización o consolidación de un poblado se materializa simbólicamente en la construcción de una iglesia y escuelas. De esta manera, en el año de 1969, tras la visita de Velasco Ibarra, se consolida la primera escuela en La Troncal, que actualmente lleva el mismo nombre del presidente Velasco Ibarra; posteriormente, un 16 de junio de 1972, por donación del ingenio Aztra a los misioneros italianos María Luisa Cortinovis y Sergio Beretta, se crea el Colegio Técnico San Gabriel, a cuyos predios se agregaron, posteriormente, donaciones de Darío Machuca, entonces propietario de la hacienda La Cecilia, quien también donaría un predio para la construcción del hospital que a la actualidad lleva su nombre (Natale & Palma, 2022).
Este crecimiento acelerado de La Troncal, fomenta que a principios de la década de los setenta se forme el comité pro parroquialización, conformado por Sixto Cobos Castro, y los señores Luis Cordero, Francisco Orellana, Gaspar Molina, Florencia Orellana y Alberto Palomino, quienes consiguieron que La Troncal sea reconocido como parroquia del cantón Cañar un 24 de febrero de 1975, y esta decisión sea ratificada un 4 de noviembre del mismo año.
La parroquialización no bastó para cubrir las crecientes necesidades de La Troncal, dado su acelerado crecimiento poblacional. De esta manera, la independencia de decisiones en su propio territorio fue una necesidad creciente, dadas las condiciones precarias en la que vivían gran parte de sus habitantes, quienes requerían obras para mejorar su condición de vida, así como asistencia en servicios administrativos. Esto motivó que, a principio de la década de los ochenta, los líderes sociales de la época conformen el comité pro cantonización.
Este comité estuvo precedido por el Ab. Juan Cárdenas Espinoza. Dada la negativa de las autoridades del cantón Cañar, ya que la cantonización de La Troncal significaba la pérdida de amplia extensión territorial, en La Troncal se conforman las denominadas “Fuerzas Vivas”, que generaron movilizaciones a través de paros, exigiendo su derecho a cantonizarse. Este interés por la cantonización es compartido por El Triunfo, que para entonces ya pertenecía a la provincia del Guayas. Así, se consolida el comité del paro, mediante alianza entre las dos parroquias. Este comité estuvo presidido por el Dr. Germán Encalada, Juan Cárdenas, Gonzalo Elizalde, y otros ciudadanos que apoyaron en esta causa, tales como: César Padrón, Justo Merchán, Juan Buestán, Douglas Carrión, Gaspar Molina, y un comité femenino presidido por las Sras. Liliana Contreras y Dolores Jaya Cueva (Abad, 2009).
El primer paro tuvo lugar en el mes de octubre de 1982, y su fuerza fue tal que movilizó al Congreso Nacional para que se forme una comisión que ponga fin a los problemas territoriales existentes entre Guayas y Cañar, y como consecuencia, se permita la cantonización de estas parroquias. Esta propuesta generó que el paro sea suspendido hasta marzo de 1983, mes en el que, al no obtener resultados favorables, se hace la segunda movilización, obligando al congreso a formar los Comités Procantonización, mediante un acuerdo limítrofe. De esta manera, se logra el acuerdo denominado Cárdenas-Gallegos, por sus representantes, Juan Cárdenas, por La Troncal, y José Gallegos, por El Triunfo; sin embargo, autoridades del consejo provincial del Guayas rechazan este acuerdo, declarando a José Gallegos traidor a los intereses de la provincia su provincia. Al no ver resultados favorables, el comité del paro retoma su movilización el 7 de octubre de 1983, de manera ininterrumpida hasta el 25 de agosto del mismo año, luego de que la Comisión de lo Civil y Penal, dirigida por el legislador Gonzalo González brinda informe favorable para la cantonización; gestándose así una lucha que consolidó, en poco menos de dos décadas una población de acelerado crecimiento, que caracteriza hasta la actualidad al pueblo de La Troncal.
No se puede dejar de mencionar la tragedia de 18 de octubre de 1977, como un acontecimiento que debe persistir en la memoria del pueblo troncaleño, y sobre el cual no se ha hecho justicia efectiva, ya que nadie fue condenado por este crimen que dejó en la orfandad a docenas de familias, tras la muerte de aproximadamente un centenar de trabajadores, de los cuales, solo existe registro oficial de 25, quienes fueron parte de un proceso judicial que determinó que murieron por “ahogamiento”. Absolviendo de culpa a todos los responsables.
Es así que, si bien, La Troncal es un cantón relativamente nuevo, es rico en cuanto a su propia historia y las complejas luchas que permitieron su surgimiento como el cuarto cantón de la provincia del Cañar. De esta forma, el pueblo troncaleño se caracteriza porque, desde sus fundadores, a riesgo de su propia vida, pusieron sus esperanzas en esta tierra, que actualmente se proyecta como el motor económico de la provincia. En este sentido, y en calidad de troncaleños, es preciso rendir memoria a los acontecimientos históricos que dieron paso a la conformación de esta población, así como tener presente a los diversos actores que, con sus gestas heroicas, entregaron su vida por la causa común. Así también, es preciso comprender que muchos pobladores murieron en el anonimato, y algunos otros se habrán obviado de forma no intencional en esta pequeña reseña que busca mantener vivo el debate sobre la historia de La Troncal, con objeto de reforzar y configurar continuamente la identidad troncaleña, que motiva a trabajar con compromiso en busca de continuar proyectando este particular cantón como ejemplo de lucha, crecimiento y desarrollo.
BIBLIOGRAFÍA
Abad, R. (2009). Monografía histórica del cantón La Troncal. Azogues: Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo del Cañar.
Encalada, G. (1990). Reseña histórica del litoral Cañari. S/N, 1(1), 1-19.
Campoverde, H. (29 de junio de 2025). Fundación de La Troncal. (D. Araujo, Entrevistador)
Encalada, G. (28 de mayo de 2025). Entrevista sobre la historia de La Troncal. (D. Araujo, Entrevistador)
Espinoza, L., & González, I. (1987). Visión histórica del cantón y de la ciudad de La Troncal. Rev. del Archivo Nacional de Historia, Sección del Azuay, 6(7), 63-81.
Loja, M. (2022). La Troncal, capital azucarera del Ecuador. Universidad del Azuay, 1(1), 1-67.
Bermeo, M. (29 de mayo de 2025). Historia del cantón La Troncal. (D. Araujo, Entrevistador)
Siguencia, R. (1994). La Troncal en pocas líneas. Rev. Diálogo Social, 4(1), 11-12.
Natale, B., & Palma, F. (2022). Colegio Técnico San Gabriel. 50 años de historia. Quito: Ediciones San Gabriel.