Aiden Thomas Lupin

Aiden Thomas Lupin cumpleaños 10 de abril
Hufflepuff

Quién soy?, por qué estoy aquí? y por qué no puedo recordar nada? 😭😭😭
10/05/2026

Quién soy?, por qué estoy aquí? y por qué no puedo recordar nada? 😭😭😭

Ahhh que horrible sueño de nuevo esa rubia humillandome y haciéndome bullying 😭😭😭
08/05/2026

Ahhh que horrible sueño de nuevo esa rubia humillandome y haciéndome bullying 😭😭😭

Quién soy? Cómo me llamo y que hago aquí?Quiero irme a mi casa 😭
05/05/2026

Quién soy? Cómo me llamo y que hago aquí?

Quiero irme a mi casa 😭

No recuerdo el momento exacto en que todo empezó a desmoronarse, pero sí recuerdo el peso de ese día.El aire era distint...
01/05/2026

No recuerdo el momento exacto en que todo empezó a desmoronarse, pero sí recuerdo el peso de ese día.

El aire era distinto desde la mañana. Más denso. Más pesado. Como si el castillo mismo supiera que algo no iba a salir bien. La tercera prueba del Torneo de los Tres Magos no era un espectáculo… era una sentencia. Y yo, Aiden Thomas Sayre, había decidido enfrentarla como si no tuviera nada que perder.

Tal vez porque, en el fondo, así era.

Cuando crucé la entrada del laberinto, el mundo cambió. Los sonidos del público desaparecieron, tragados por un silencio antinatural. Los setos se cerraron detrás de mí, altos, impenetrables, como muros vivos que respiraban. No era un simple jardín encantado. Era un lugar que observaba. Que juzgaba.

Di el primer paso y sentí magia oscura filtrándose en el aire.

No tardaron en llegar las pruebas. Criaturas que no deberían existir. Hechizos que se deshacían antes de completar el movimiento. Ilusiones que parecían demasiado reales. Pero nada fue tan peligroso como lo que el laberinto hizo con mi mente.

Me mostró cosas.

Recuerdos… o lo que creí que eran recuerdos.

Risas a mis espaldas.

Susurros que se convertían en carcajadas.

Una voz femenina, clara, cortante, repitiendo mi nombre como si fuera una broma.

Allison.

Su nombre apareció en mi mente antes de que pudiera detenerlo. Y con él, una sensación de vergüenza, de impotencia, de algo roto desde hace mucho tiempo.

Apreté la varita con más fuerza.

—No es real —me dije—. No es real…

Pero la magia del laberinto no necesitaba ser real para doler.

Seguí avanzando, tropezando, cayendo, levantándome otra vez. Cada paso me costaba más que el anterior. Sentía el cuerpo más pesado, como si cada error, cada miedo, se acumulara sobre mis hombros.

Hasta que la vi.

La copa.

Al centro del claro, iluminada por una luz fría. Hermosa. Silenciosa. Esperando.

Por un segundo, todo el sufrimiento pareció tener sentido.

Di un paso.

Y entonces el mundo se rompió.

El dolor llegó sin aviso. Brutal. Absoluto. Como si algo dentro de mí se desgarrara sin piedad. Caí al suelo con un grito que ni siquiera reconocí como mío. La varita rodó lejos. Mis manos temblaban, mis pulmones ardían, mi visión se fragmentaba en manchas de luz y oscuridad.

Intenté arrastrarme.

Intenté resistir.

Pero algo me estaba apagando desde dentro.

Mis pensamientos se desordenaron. Las imágenes se mezclaron. La copa… el laberinto… una risa… un nombre…

Allison.

Luego, nada.



Dicen que llegué a tocar la copa.

Que, incluso inconsciente, fui declarado ganador.

Que Hogwarts celebró.

Que mi nombre fue gritado entre aplausos.

Pero yo no estuve ahí.

Yo estaba en otro lugar.

Un lugar vacío.

Sin recuerdos.

Sin identidad.

Sin nada.



Cuando desperté, lo primero que sentí fue frío.

Un frío profundo, interno, como si algo en mí estuviera incompleto. Abrí los ojos lentamente. La luz me lastimó. Todo estaba desenfocado.

Poco a poco, las formas tomaron sentido.

Camas. Cortinas blancas. Frascos de pociones alineados.

La enfermería.

Y entonces la vi.

Inclinada hacia mí, con los ojos rojos de tanto llorar.

Una chica.

Hermosa… de una manera que me resultó incómoda.

Cuando notó que había despertado, su rostro cambió de inmediato. Esperanza. Alivio. Algo más… algo demasiado intenso.

—Aiden… —susurró, con la voz quebrada—. Pensé que…

Se quedó sin palabras.

La observé en silencio.

Había algo en su mirada que me inquietaba. Como si me conociera demasiado bien.

Como si tuviera derecho a estar ahí.

—¿Quién eres? —pregunté.

El silencio que siguió fue devastador.

—¿Qué… dijiste?

—No sé quién eres —repetí, sintiendo una extraña incomodidad crecer dentro de mí—. ¿Por qué estás aquí?

Sus ojos se llenaron de lágrimas nuevas, más rápidas, más desesperadas.

—Soy… Allison…

El nombre.

Fue como una chispa en un cuarto oscuro.

Y luego, una explosión.

Fragmentos. No recuerdos completos. No escenas claras. Solo sensaciones.

Risas crueles.

Palabras que cortaban.

La sensación de ser menos.

De ser observado.

De ser juzgado.

De ser… nada.

Mi respiración se volvió irregular.

—Tú… —murmuré.

Ella dio un paso hacia mí, temblando.

—Aiden, por favor, hay algo que—

—No te acerques.

Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba.

Más dura.

Más cargada de algo que no entendía del todo.

—Escúchame, yo puedo explicarte—

—¡Dije que no te acerques!

Me incorporé bruscamente, ignorando el dolor que atravesó mi cuerpo. La miré como si fuera una amenaza.

—¿Qué haces aquí? —exigí—. ¿Quién te dio permiso de estar cerca de mí?

—Yo… —su voz se quebró—. Yo estuve contigo todo el tiempo… no me separé de ti…

—¿Por qué?

No supo responder.

O tal vez la respuesta no era la que yo quería escuchar.

Apreté los dientes.

—No recuerdo nada —dije lentamente—. Nada de este lugar. Nada del torneo. Nada de mí.

Ella asintió, llorando.

—Lo sé… pero podemos—

—Pero de ti sí.

El impacto fue inmediato.

Se quedó inmóvil.

—Recuerdo lo suficiente —continué, con la voz cargada de veneno—. Recuerdo lo que eras conmigo.

—Aiden… eso fue antes… yo cambié—

—¿Cambiaste? —reí, sin humor—. ¿De verdad crees que eso importa?

Las imágenes seguían viniendo. No completas. No ordenadas. Pero suficientes.

Humillación.

Soledad.

Rabia.

—¿Sabes qué es lo peor? —añadí, mirándola fijamente—. Que no sé quién soy… pero sí sé cómo me hacías sentir.

Ella negó con la cabeza, desesperada.

—No… no, eso no es justo… yo no soy esa persona ahora—

—Para mí sí lo eres.

El silencio cayó como una sentencia.

—Todo esto… —señalé mi cuerpo, la cama, el vacío en mi mente—. Todo esto es culpa tuya.

—¡No! —dio un paso adelante—. No digas eso, por favor—

—¡CLARO QUE LO ES!

Mi voz retumbó en la habitación.

—Si no te hubiera tenido en mi vida… si no me hubieras hecho sentir así… tal vez ahora… —me detuve, incapaz de terminar la idea—. Tal vez no estaría roto.

Ella estaba llorando abiertamente ahora.

Pero no me importó.

—Dices que me amas —escupí—. ¿Sabes lo que es amar a alguien?

No respondió.

—No es destruirlo.

Mis manos temblaban.

Mi pecho ardía.

—Te odio.

Las palabras salieron claras. Firmes.

Irreversibles.

—Te odio por lo que hiciste. Por lo que me hiciste sentir.

—Aiden, por favor… mírame… —suplicó—. Yo estuve contigo, te cuidé, te elegí… todos los días…

—Pues elegiste tarde.

Eso la rompió.

—Ojalá… —continué, sintiendo la crueldad crecer sin control—. Ojalá te hubieras mu**to tú.

El silencio fue absoluto.

—No yo.

Sus labios temblaron, pero no salió ningún sonido.

—¿A qué viniste? —pregunté, más bajo ahora—. ¿A ver si ya no puedo defenderme? ¿A burlarte otra vez?

—No… —susurró—. Vine porque te amo…

Negué lentamente.

—Vete.

No se movió.

—No quiero verte —añadí—. No quiero saber de ti. No quiero nada que tenga que ver contigo.

—Aiden… podemos arreglarlo… puedo ayudarte a recordar—

—No quiero recordar si eso te incluye a ti.

Eso fue lo último.

Se quedó quieta unos segundos, respirando con dificultad, como si cada segundo ahí fuera una lucha.

Luego asintió.

Muy despacio.

Como aceptando algo que no podía cambiar.

Se dio la vuelta.

Y caminó hacia la puerta.

No miró atrás.

No dijo nada más.

La puerta se cerró con un sonido suave.

Casi respetuoso.

Y entonces…

silencio.



Me quedé ahí, mirando el espacio vacío donde había estado.

Intentando sentir algo.

Cualquier cosa.

Pero solo había ese hueco.

Esa mezcla de rabia… y algo más.

Algo que no sabía nombrar.

Cerré los ojos.

Y por un instante…

solo por un instante…

sentí que había perdido algo importante.

Algo que no podía recordar.

Y que, tal vez…

nunca volvería a recuperar.

Allison Lovegood

El camino hacia Hogsmeade fue mucho más ligero. Ya no había esa tensión extraña flotando entre nosotros, esa sensación d...
28/04/2026

El camino hacia Hogsmeade fue mucho más ligero. Ya no había esa tensión extraña flotando entre nosotros, esa sensación de que alguien estaba ocultando un elefante en la habitación. Caminamos bajo la luz de la luna, y por primera vez, no tuve que fingir que no veía a Stefan y a Perseo rozándose las manos o compartiendo esas sonrisas que solo ellos entendían.

​—¡Venga, par de tortolitos, muevan los pies! —les grité, caminando de espaldas unos metros por delante de ellos—. ¡Si no llegamos antes del cierre, Aarón se va a comer sus propios guantes del hambre que tiene!

​Aarón murmuró algo sobre que mis bromas eran peores que un hechizo de confusión, pero no pudo ocultar su sonrisa.

​Cuando entramos a Las Tres Escobas, el calor de la chimenea y el olor a madera y canela nos golpearon de golpe. Estaba lleno, como siempre, pero logramos hacernos con una mesa de rincón, de esas que tienen los bancos de madera desgastados por años de historias de estudiantes.

​Fui directo a la barra y volví con cuatro jarras de cerveza de mantequilla, la espuma blanca desbordándose por los bordes. Puse las bebidas sobre la mesa con un golpe seco y triunfal.

​—Un brindis —dije, levantando mi jarra mientras me sentaba frente a ellos.

​Me quedé un segundo mirándolos. Perseo se veía... diferente. Más relajado, como si finalmente hubiera soltado una mochila llena de piedras que cargaba desde primer año. Y Stefan, bueno, Stefan lo miraba como si fuera el buscador que acaba de atrapar la Snitch dorada en el último segundo.

​—Por el secreto peor guardado de la historia de Hogwarts —declaré con un tono solemne que no me creía ni yo, provocando que Aarón soltara una carcajada—. Y porque, a pesar de que tardaron una eternidad, al fin podemos estar los cuatro aquí sin que nadie tenga que morderse la lengua.

​Chocamos las jarras. El primer trago fue dulce, caliente y perfecto. Me recosté contra el respaldo, sintiendo el bullicio del pub a nuestro alrededor, pero concentrado solo en ellos.

​—Entonces... —pregunté, arqueando una ceja con malicia—, ¿quién dio el primer paso en la Torre de Astronomía? Porque apuesto un galeón a que Perseo se quedó mudo y Stefan tuvo que hacer todo el trabajo.

​—¡Aiden! —protestó Perseo, poniéndose rojo como un uniforme de Gryffindor, mientras Stefan se reía y le pasaba un brazo por los hombros.

​Esa era la mejor parte. No era solo que estuvieran juntos; era que seguíamos siendo nosotros. El mismo caos de siempre, pero con un poco más de luz. Me bebí la mitad de mi cerveza de un tirón, sintiéndome genuinamente feliz. El mundo fuera del castillo podía ser complicado, pero en esta mesa, con mis amigos y nuestras cervezas de mantequilla, todo estaba exactamente donde debía estar.

Hoy es el partido de mi noviecita preciosa y la vine apoyar Te amo preciosa estoy segura que está vez si ganarás ❣️
24/04/2026

Hoy es el partido de mi noviecita preciosa y la vine apoyar

Te amo preciosa estoy segura que está vez si ganarás ❣️

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21/04/2026

Mi novia preciosa quería ir a Honeydukes pero los domingos cierran temprano y como nos tardamos en las tres escobas cuando salimos ya estaba cerrado, sin embargo hoy la traje, lo que mi preciosa desee lo tendrá tarde o temprano 🍡🍭🍬🍫🧁🥠

16/04/2026

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15/04/2026

Después de la cena quisimos tener un momento tranquilo en el patio de hogwarts pero el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos 💤💤💤

Hemos regresado al colegio y está noche me colé a la mesa de slytherin otra vez para cenar con mi noviecita preciosa 🥰
13/04/2026

Hemos regresado al colegio y está noche me colé a la mesa de slytherin otra vez para cenar con mi noviecita preciosa 🥰

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