14/08/2026
Era viernes y el trabajo en Gringotts había terminado mucho antes de lo esperado. Cuando salí del banco, decidí regresar temprano a la Mansión Black. Sin embargo, llevaba la cabeza llena de lo ocurrido aquella mañana y sabía que tarde o temprano tendría que hablar con Allison.
Cuando llegué, la encontré en la mansión.
—Allison, necesito hablar seriamente contigo. A solas.
Ella notó inmediatamente que algo no estaba bien.
—¿Qué pasó?
—Déjame explicártelo.
Allison no insistió. Preparó dos tazas de café y nos dirigimos al jardín de rosas negras con rojo. Nos sentamos frente a la fuente. El sonido del agua era tranquilo, pero yo no podía sentirme tranquilo en absoluto.
Sostuve la taza entre mis manos durante unos segundos.
—Esta mañana tuve una junta muy importante con mi jefe, Bill Weasley.
Allison levantó la mirada.
—¿Con Bill?
—Sí. Y fue por algo bastante serio.
Tomé aire.
—El Ministerio recibió un reporte sobre una antigua tumba en Egipto. Según la información que tienen, seis personas habían saqueado la tumba porque supuestamente dentro se encontraban millones de galeones.
Allison frunció el ceño.
—¿Seis personas entraron?
—Sí. Los seis entraron a la tumba, pero algo ocurrió ahí dentro. Todavía no sabemos exactamente qué.
Hice una pausa.
—Solo cinco consiguieron salir.
Allison dejó su taza sobre la mesa.
—¿Y la sexta persona?
—Se quedó dentro.
La miré directamente.
—Los cinco que salieron llevaban las manos llenas de galeones. Pero poco tiempo después de que abandonaron la tumba, los galeones desaparecieron.
—¿Desaparecieron cómo?
—Eso es precisamente lo que nadie sabe.
Miré hacia la fuente.
—Los investigadores creen que la tumba podría estar sellada con una maldición. Una maldición antigua, posiblemente muy poderosa. Algo pasó cuando aquellas seis personas entraron. Una de ellas nunca salió y el dinero que consiguieron desapareció poco después.
Allison permaneció callada.
—Entonces, ¿qué va a hacer Gringotts?
Esta vez me costó un poco más responder.
—El Ministerio ordenó que se investiguos el lugar. Tenemos que descubrir qué ocurrió con la persona que quedó dentro, qué clase de maldición está protegiendo la tumba y, por supuesto, qué pasó con los galeones.
Allison me observó atentamente.
—¿Y tú estás involucrado?
Asentí.
—Sí.
—Aiden...
—Bill y yo tenemos que ir el martes.
Ella se quedó mirándome.
—Espera. ¿Bill también?
—Sí. Él no ha ido todavía. La misión todavía no comienza. La orden llegó esta mañana durante nuestra junta. El martes, Bill y yo tendremos que viajar a Egipto para intentar resolverlo.
Allison parecía cada vez más preocupada.
—¿Y por qué tú?
—Porque soy rompemaldiciones.
—Eso no responde a mi pregunta.
Solté lentamente el aire.
—Porque esta es exactamente la clase de misión para la que me contrataron.
Allison no dijo nada.
—Mi carrera apenas está comenzando —continué—. Apenas estoy empezando a demostrar lo que puedo hacer. Bill confía en mí y el Ministerio espera que participe en esta misión.
—Pero es peligroso.
—Sí.
—¿Y si la maldición es realmente tan poderosa como creen?
—Por eso vamos Bill y yo.
—Eso tampoco me tranquiliza.
Bajé la mirada hacia nuestras manos.
—Lo sé.
Durante unos segundos solamente escuchamos el agua de la fuente.
—Allison, si me niego a ir, no sé qué consecuencias podría tener. Podría perder mi trabajo. Y si pierdo el trabajo, también podría perder la oportunidad de construir mi carrera como rompemaldiciones.
Ella me miró con preocupación.
—¿Estás diciendo que tienes que elegir entre tu carrera y tu seguridad?
—Estoy diciendo que no puedo simplemente decirle a Bill que no voy.
—¿Y si te ordenaron ir?
Asentí.
—Es una misión del Ministerio. No es una aventura que yo haya decidido buscar.
Allison tomó mi mano.
—No me gusta.
—A mí tampoco me encanta la idea de entrar en una tumba maldita en Egipto.
Eso consiguió arrancarle una pequeña sonrisa, aunque desapareció rápidamente.
—Entonces, ¿por qué vas?
La miré fijamente.
—Porque quiero demostrar que puedo hacerlo.
Hice una pausa.
—Quiero esta carrera, Allison. De verdad la quiero. No quiero pasar los próximos años preguntándome qué habría ocurrido si hubiera aceptado mi primera misión importante. Pero tampoco quiero que pienses que no me importa lo que tú sientes.
—Entonces dime que vas a regresar.
Sentí un n**o en el pecho.
—Voy a regresar.
—No puedes prometer eso.
—Quizá no —admití—. Pero sí puedo prometerte que voy a hacer todo lo posible para regresar contigo.
Allison apretó mi mano.
Miré el jardín. Las rosas negras con sus tonos rojos parecían aún más oscuras bajo la luz de aquella tarde. El martes todavía estaba a unos días de distancia, pero por alguna razón sentía que ya podía ver aquella tumba frente a mí.
Una tumba antigua.
Una maldición desconocida.
Cinco personas que habían salido con millones de galeones que después desaparecieron.
Y una sexta persona que nunca había regresado.
El martes, Bill Weasley y yo tendríamos que entrar allí y descubrir qué había sucedido.
Y yo tenía la sensación de que aquella misión podía cambiarlo todo.