11/05/2026
Publicado en Diario Uno el domingo 10 de mayo de 2026
Gnarly Fanzine
JC Montoya - Delirios Pain
NOSTALGIA (BELLUM SE IPSUM ALET)
Fetiche es la palabra —tal vez— más importante de la escatología económica moderna porque desfenomenologiza todo el esoterismo del sistema actual. Está —eso sí— un poco distorsionada de la manera cómo la usaban habitualmente los habitantes de aquella antigua Europa civilizada del siglo XIX. Esta gente la empleaba para referirse a cualquier tótem, representación artística o religiosa (por ejemplo, cualquier estatua que representara a un dios o leyenda).
La real teoría económica la metaforiza para interpretar la representación de una creencia mítica y mágica que el hombre le otorga a la mercancía en el sistema capitalista. Es un valor que va más allá de su valor de uso o de intercambio. Es como si la mercancía tuviera un valor en sí misma, un valor más allá del que le otorga el hombre en su propia producción. Así, se oculta el valor otorgado por la producción en un sistema económico o en un modo de producción y al final parece que todo sale de la nada. Este tema no es sólo teórico, sino que es la explicación de la desigualdad social que vivimos en nuestros días. Este esoterismo oculta la culpabilidad en la desigual distribución de ganancias y en la explotación.
Entonces ya tenemos a la vista lo que tienen en común todas las mercancías. Todas se presentan terminadas y homogéneas pero en ninguna de ellas podemos constatar las terminaciones. Así, todas las múltiples partes que la componen siguen ahí sin delatarse, escondidas tras un sistema productivo que también tapa el rostro de todos los obreros que lo han producido. La mercancía, en realidad, no tiene valor en sí misma sino sólo como producto terminado o producido por el ser humano.
Es la historia del hombre la que valoriza a la cosa mediante las leyes naturales e inescrutables de la oferta y la demanda que, incluso, el ser humano no puede tampoco modificar a su antojo. ¿Y si ese natural equilibrio del mercado de la escuela adamsmithsonmaníaca hubiera quedado atrapado por el fetiche de la mercancía? En ese caso la lógica de la propia historia consumiría su superación. Pero el sistema aguanta aún esa superación produciendo lo necesario para el mismo sistema económico y no para la humanidad. Es necesario, por lo tanto, reemplazar el estatus de las relaciones humanas basadas en la explotación de mercancías por el entendimiento mismo del origen de la apreciación de todas las cosas en la teoría del fetiche de las mercancías.
Hoy los seres humanos son esclavos de un sistema económico de producción de objetos. Incluso los mismos humanos son las propias mercancías que se compran y se venden. ¿Se convierte el propio ser humano en capital vendiendo su tiempo de vida, esfuerzo, conocimientos y aptitudes? La práctica nos muestra que sí. Los tipos son una mercancía más que circula en el sistema. ¿Cuál sería el modo de superar el fetichismo de la mercancía? Pensemos, por ejemplo, en un náufrago, Robinson, atrapado en una isla un poco parecida a la del cuento. Al poco tiempo, Robinson, empezaría a producir todo lo que necesitaría para sobrevivir o intentar superar a esa isla. El flaco no produciría nada superfluo o innecesario. Lo que estaría imperando ahí sería una lógica del intercambio. La teoría comunista actúa del mismo modo. En una sociedad nueva y mejorada, con una economía socialista y democrática bien planificada —en teoría, un estado socialista— el hombre produciría lo necesario para la vida y para el sostenimiento de ese status quo.
Si ese status quo fuera universal, ya no se necesitaría nada más y la historia habría encontrado su sillón de Rivadavia. El reposo de la historia no tendría contradicción. Pero, si ese sistema intentara coexistir con los otros, sería un fracaso. No del sistema, sino del intento. Porque, al ser ambos sistemas —capitalismo y socialismo— contradictorios entre sí, la guerra siempre se alimentará a sí misma. Por eso, mientras haya coexistencia, siempre se tendrá que trabajar, en la misma lógica de intercambio, para el sostenimiento de la vida y del sistema. Es absolutamente necesaria, entonces, una teoría económica unificadora que sostenga la vida como prioridad, único argumento válido para la imposición de leyes que protejan la estabilidad económica. Es decir, una teoría económica del todo. Y, sorpresa, esta ya existe. Esperar a que llegue es perturbarse también con ese conflicto que todo cambio trae consigo. Y, al llegar, miraremos todos desnudados, cual ángel caído, con la nostalgia en los ojos por lo que supimos que fuimos y por lo que ahora seremos. Al menos, nadie podrá decir que se aburrió.