30/08/2026
📌 𝐀𝐒𝐈 𝐒𝐄 𝐓𝐎𝐑𝐄𝐀 𝐄𝐍 𝐄𝐋 𝐏𝐄𝐑Ú.
La intensa lluvia ayapateña transformó la tarde taurina en una gesta de barro, valor y épica supervivencia.
El cielo rota sobre el albero, a la una de la tarde, un manto gris carbón sepultó el sol andino y desató un diluvio torrencial sobre la plaza. El ruedo, que minutos antes era arena compacta, se convirtió rápidamente en un lodazal espeso y resbaladizo. La banda de músicos, refugiada bajo plásticos gastados, soplaban sus trompetas con fuerza para ahogar el rugido del agua.
El barro y la fiera.
Salió el segundo de la tarde, un toro negro y astifino de la ganadería La Viña del Ecuador. El animal acusó el piso desde los primeros capotazos; sus pezuñas se hundían hasta las cuartillas, levantando salpicaduras de fango oscuro. El matador mexicano Martínez, con el traje de luces cubierto de lodo, entendió que la faena no sería de estética, sino de puro instinto.
Francisco Martinez, no vino de vacaciones.
El espada mexicano supo retribuir la confianza de los contratantes, se echó a torear a los dos ejemplares de su lote, mostró alma, corazón y vida, aunque la suya estaba en juego.
Dos estocadas para acariciar la gloria torera, dos estocadas que le valieron para ser el triunfador de la tarde.
La plaza se convirtió en un mar de ponchos ondeando bajo el aguacero, premiando el triunfo de la voluntad humana sobre los elementos de la naturaleza.