30/07/2026
Frank Batista o el arte de mirar
Hay oficios que se aprenden en una escuela y otros que parecen venir escritos en la manera de observar el mundo. La fotografía pertenece a esta última categoría. Una cámara puede comprarse; una mirada, jamás. Y Frank Batista Álvarez lleva décadas demostrando que la diferencia entre un fotógrafo y un artista consiste justamente en eso: en descubrir lo extraordinario donde la mayoría apenas registra la rutina.
Vivimos en una época saturada de imágenes. Cada minuto nacen miles de fotografías destinadas a morir pocos segundos después en la velocidad de las redes sociales. Sin embargo, muy de vez en cuando aparece alguien capaz de detener el tiempo. Frank pertenece a esa escasa estirpe. Quien contempla una de sus fotografías o una de sus obras audiovisuales rara vez sale ileso. Hay en ellas profesionalidad, sí; dominio técnico, también. Pero, sobre todo, existe ese ingrediente imposible de enseñar: la capacidad de convertir un detalle diminuto en un acontecimiento emocional.
Quizá por eso resulta insuficiente llamarlo fotógrafo o camarógrafo. Es, antes que nada, un narrador que escribe con luz. Su lente no registra únicamente personas o paisajes; captura estados de ánimo, silencios, gestos que el ojo apresurado deja escapar. Allí donde otros documentan, él interpreta.
Su biografía confirma esa vocación. Desde los humildes oficios de juventud hasta convertirse en uno de los grandes camarógrafos de Cuba, fundador de Tele Cristal, protagonista de coberturas olímpicas, realizador de documentales, profesor, creador de la productora Desde Cero y Premio Pequeña Pantalla, la historia de Frank demuestra que el talento necesita disciplina para convertirse en legado. Los reconocimientos, incluido su cargo como vicepresidente de la filial holguinera de la UNEAC, forman parte de su currículo; su verdadera credencial está en la obra que ha dejado y continúa construyendo.
Hay una imagen suya que siempre me provoca una mezcla de admiración y una envidia perfectamente saludable. Es aquella donde aparece caminando por Penny Lane, la calle inmortalizada por los Beatles. Uno imagina que mientras avanzaba por ese lugar no solo recorría una calle inglesa, sino también un territorio de la memoria colectiva, donde la música convirtió el asfalto en mito. Muy pocos tienen el privilegio de cumplir un sueño semejante. Frank lo hizo con la naturalidad de quien entiende que viajar también consiste en mirar.
Y acaso esa sea la palabra que mejor lo define: mirar. Mirar con paciencia, con sensibilidad y con respeto. Porque el verdadero artista no impone una imagen; la descubre.
Hoy, 30 de julio de 2026, cuando celebra un año más de vida, no corresponde únicamente felicitar a un excelente fotógrafo. Se celebra a uno de esos hombres que ayudan a preservar la memoria visual de Holguín y de Cuba, a alguien cuya cámara ha sido testigo de acontecimientos culturales, deportivos y humanos que, sin su presencia, acaso serían apenas un recuerdo borroso.
Los artistas pasan; las imágenes perduran. Y cuando esas imágenes poseen alma, terminan convirtiéndose en patrimonio de todos.
Feliz cumpleaños, Frank Batista Álvarez. Que nunca te falte la luz, no solo la que entra por el objetivo de una cámara, sino esa otra, mucho más difícil de encontrar, que ilumina la mirada de quienes nacieron para descubrir la belleza donde los demás solo ven la costumbre.
© José Poveda Cruz