17/04/2026
En Cartagena, un camión cargado de libros se volcó y las cajas quedaron abiertas, los ejemplares regados sobre el pavimento como si la ciudad hubiera recibido una lluvia de historias. Lo sorprendente fue que nadie se acercó a recogerlos. Ni una sola hoja desapareció.
El contraste es inevitable: cuando se accidentan camiones con licor o alimentos, la multitud corre, saquea y se lleva todo. Con los libros, en cambio, reinó el silencio. El hecho se convirtió en un espejo de nuestras prioridades: lo que bebemos y comemos parece más urgente que lo que pensamos y soñamos.
Los libros quedaron intactos, testigos mudos de una sociedad que aún les da la espalda, pero también recordándonos que la cultura está ahí, esperando ser tomada en serio.